
Mi daña de esmeralda, ¡oh mi niña de porcelana!.
Ángel de mi guarda, adornada de plumas doradas.
Destellan esas alas al ondearse, entre mis palmas.
Gracias por serenarme y atarme entre los vivos.
Niña de ojos claros, alza tus labios y dame concejo, pues este vampiro herido, requiere de tu cariño.
Niña de porcelana, gracias amiga mía.
Si los dioses existen, la verdad no me interesa, pues lo único que quiero, es a una amiga que me comprenda.
La vida se empeña por hacernos plañir entre tinieblas, mas sin embargo, tú despliegas tus alas doradas y alumbras los senderos de nuestras eternas vidas.
Yo enciendo mis ojos y exhibo los colmillos, para intimidar a los demonios que quieran retrasarnos.
Mi niña de porcelana, ya no sufras por el arcángel que te ignoro, pues yo igual lucho contra el recuerdo de aquella que me convirtió.
De: Raphael Cañas
Para: Naomi